Las luces de neón hacían angulosa su cara de torta. Ojos como el petróleo. Esquivando las canas desde hace más de cinco décadas. Bigote de veterano de guerra. No llevaba chaleco antibalas en los conflictos que cubría. Eran guerras de silencio. De a ver quién se callaba más. El que habla, pierde.

– Censura, dijo.

Hay verdades que solo se pueden escupir ante luces de neón. Hay tipos que se la pasan ayudando. Y a los que nadie consigue ayudar. Porque no se dejan, porque no se puede, porque porque.IMG_7225…………..

Hay golpes que solo se pueden dar al salir de un bar de los que enganchan las zapatillas al suelo, donde el hedor a cerveza de anteanoche apenas disimula el olor a euforia de la humanidad que salta al ritmo de la música de cualquier otra época. Cuando sales de uno de esos bares, ante luces de neón:

– Hazlo por ti, dijo.

Ve allí sólo si también querrías estar allí sola. Haz lo que tú necesites, lo que tú quieras. Los hombres somos muy bobos, seguimos a las mujeres que hacen lo que quieren. 

……………

La tormenta le obligó a cobijarse. Las gotas caían tan fuerte que dolía el cráneo. La melena lacia rubia apenas las amortiguaba.

– No somos como ellos, dijo.

Allí todo el mundo es artista. Músico. O pinta o baila o escribe. Cada vez que me hablaba de la dictadura me echaba a llorar. El agua hacía de pantalla, hacía brumosas las sirenas del camión de bomberos. Hay pasados que solo salen a la luz de la lluvia. Él me enseñó a tocar. Pero yo no era como ellos. Pero hoy he encontrado mi guitarra.

2016-07-01 21.20.02

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Hay miedos que solo se pueden admitir ante de un trozo de pizza. Al otro lado de una puerta enmarcada en neones. Ante un desconocido de hace cinco horas. Tras cinco horas.

No puedo con los deadlines. Con los de escribir sí, pero no con los otros, los de la vida, los de marcharse de los sitios. Todo tiene una fecha de caducidad. Es como una muerte anunciada. Y es injusto para los demás, cultivar cosas condenadas a no durar.

– Entonces esto tampoco tendría sentido. Que estemos aquí. Dijo.

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El desorden era perfecto. El reflejo de las luces de neón no llega al piso quince.  Pero el azul de sus ojos era sobrenatural.

Libretas abiertas, fotografías de cuadros, grabadora sin pilas, ropa de baño y zapatos de fiesta. Liberado de las gafas de pasta, contemplaba un infinito sin duda más allá del óleo groseramente estándar de la habitación del hotel de cuatro estrellas.

– A veces me paso tanto tiempo solo que se me olvida cómo se habla con los demás.

– A veces paso tanto tiempo rodeada de gente que me olvido de mí misma.

Arqueó las cejas doradas.

– Pues eso es lo más importante que tienes. No te puedes olvidar.

Replicó. Y se giró hacia el otro lado de la cama.

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