Compré demasiados algodoncitos para las orejas, demasiado arroz blanco.

Hay cosas que no permiten el corto plazo.

Nunca encontraba el momento de irme a dormir.

Las jornadas se alargan porque el trabajo siempre se puede hacer mejor. Las cervezas se alargan porque siempre podemos contarnos algo más.

Perdí el pudor a las segundas rondas. Perdí el protocolo de las segundas citas si la primera no funciona, y el de esperar hasta la tercera si la primera funciona.

Llevaba todas las cuentas excepto la cuenta atrás.

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Cuántos estados he pisado, cuántas veces escuché música en vivo, en cuántas camas – o sofás, o alfombras – he dormido en los últimos diez días y en cuántas no he dormido. Contaba millas recorridas, infortunios, montañas, ríos, coches en los que hemos rodado, personas.

Al final solo quería perder la cuenta de las veces que nos hemos visto, de los días que ya dura el viaje, de las cervezas y las alfombras… Confiando en que la nebulosa del descuento esbozara un hace mucho tiempo.

Por eso dejé las listas, las matemáticas y hasta las fotos y el teclado. Porque apenas daba abasto con el efecto esponja. Para los días bajos o los vacíos o para los nietos.

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–  Hagamos algo.

–  Solo tengo un mes.

–  Hagamos algo en un mes. Dijo.

Aún no sé qué voy a hacer con los algodoncitos y el arroz. Pero intentaremos no dejar nada relevante en la reserva.

2016-05-17 20.10.45

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