Llevábamos tantos días esperando aquella noche que, cuando llegó, no nos importó cuán de noche era.

Para nosotros eran meses, para ellos años. Pero no importa porque a partir de cierta cantidad de tiempo todo el tiempo se convierte en toda una vida. Y a partir de cierta cantidad de amistad, la empatía convierte tus penas en mis penas, tus sueños en los míos.

Era un lunes de marzo y DC era una fiesta. Cinco años de sueños cristalizaban en forma de botellas de vino. Cientos de ellas. Incontables. Del viejo y del nuevo continente. De los viñedos más recónditos a la capital del mundo.

Almacén suele ser una palabra con poco encanto. Hasta que lo que almacena son ilusiones. Entonces son un así-es-cómo-me-imaginaba-mi-vida y ahora se acumula esperando a que le dé rienda suelta.

Yo nunca había visto un sueño hacerse realidad con la distancia suficiente para darme cuenta de que estaba naciendo un sueño y con la cercanía suficiente para darme cuenta de que era un sueño real.

Le llaman sueño americano solo porque esperan cumplirlo en América, solo porque, por alguna razón, acabamos en América. Pero los sueños vienen de atrás, a menudo.

Todos los tenemos, los sueños. Pero a veces, nos creemos que no son sueños, o que no los podemos cumplir. Así que a muchos nos hace falta llegar a este lado del charco para darnos cuenta de que sí, se puede.

vino-diarios-ultramar6Yo nunca había abierto un negocio.

Yo nunca he abierto un negocio.

Aquél día solo incordié queriendo ser útil, y los útiles me dejaron incordiar con esa generosidad de hacer partícipe al otro de los méritos propios.

Pero cuando arrancamos el papel marrón del escaparate fue como marcar un gol. Fue como cuando el avión despega de la pista, cuando te cae la primera gota de la ducha después del entrenamiento, como cuando das ese beso. Fue como hacer el tocado final del combate y gritar para vaciar adrenalina. Fue tantas cosas, ese cartón, que tardamos tanto en arrancar, pero lo hicimos de un golpe, y con doce manos en lugar de las dos que hacían estrictamente falta, y fue tan rápido, que lo grabamos, como si eso pudiera inmortalizarlo.

Porque al arrancar aquél cartón ellos se quitaban un peso de encima y el mundo se quitaba un antifaz del que no era consciente para descubrir un ventanal enorme a un lugar chiquito donde los sueños se hacen realidad. Se llama Grand Cata.

Advertisements