– Fulanita de tal, periodista, X años (de edad), 0 años (en DC), con 0 mascotas, 0 hábitos de fumar y 100% adorable busca casa.

– ¿Y qué haces en tu tiempo libre?

– Voy a correr, en bicicleta, leo, escribo, medito, doy paseos, cocino, voy al teatro, al cine, a conciertos, exposiciones de arte, conferencias…

(No hubo respuesta porque no escuchó la respuesta)

Eso decía en la primera ronda de entrevistas con la que encontré mi primera casa. Apenas hacía 50 horas que había aterrizado en el país y tenía una mansión preciosa para mí sola. Que resultó estar encantada. Pero esa historia ya la he contado.

……………………………………….

– Fulanita de tal, periodista, X años (de edad), Y años (meses) (en DC), con O mascotas, 0 hábitos de fumar y 100% adorable busca casa.

– ¿Y qué haces en tu tiempo libre?

– Busco casas.

– (risas)

Del sentido del humor no dicen que sea como ir en bici. Estaba exhausta de la segunda búsqueda, aún angustiada por la huida de la primera. Pero mis interlocutores estaban receptivos y me salté el guión, es decir, fui sincera. Confesé que huía y dije que solo buscaba una casa con calefacción y otros humanos que la habitaran.

papers3-diarios-de-ultramarLo que siguió después merece una historia aparte. Viví los tres meses más intensos de mi vida. En un hogar no solo habitado por humanos, sino por humanos excepcionales. Tan inteligentes como supra analizadores, tan críticos como dramáticos, tan comprometidos como hiperactivos, tan acogedores que siempre teníamos la casa atestada y de ideas tan desordenadas como el salón.

Viví en una nube (literal), también de teorías políticas, filosofías vitales y sentimientos ocultos.

the-nw-yorker-diarios-de-ultramarAprendí más de comunismo en tres meses  en la capital del imperialismo que en toda una vida de democracia social en Europa. Dormí poco, escuché mucho y traté de buscarle sentido al arte y a la vida hasta altas horas de la madrugada durante casi 100 noches. Apostábamos por las elecciones primarias, bailábamos cocinando.

Recibíamos (en papel!) las tres cabeceras más prestigiosas del país (cada día!), lo que daba lugar a desayunos de emoción incontenida y sobreinformación. Lanzábamos dardos a la portada del Times si aparecía el candidato menos progresista, leíamos The New Yorker en el baño.

imageCenábamos potaje casero como los enanitos de Blanca Nieves, en una cacerola gigante -que buen uso hizo para fundir nieve en mitad de la gran tormenta- pero que nunca podíamos recoger porque la cena se solapaba con el club de lectura. Sorbíamos té negro o coñac divagando sobre un cuadro horrendo que utilizaban para clasificar a todo el que entraba en la casa como apto o no apto de nuestro tejado de madera. Veíamos cine mudo en cintas que un día fueron clandestinas, cuando aún no habíamos nacido.

Conocí a más personas de las que puedo contar. Escuché más opiniones de las que puedo clasificar. Generé más recuerdos de los que puedo archivar para la posteridad.

Pasaron una serie de catastróficas desdichas que merecen una historia completa.

Y, al final, los propietarios de aquella casa nos despojaron del hogar que habíamos levantado dentro – que habían levantado y del que me fueron incorporando con un plural contagioso. Nos dejaron sin escenario para continuar con ese universo irreal, desubicado, anacrónico e insostenible. Vendieron la casa.

……………………………………….

– Fulanita de tal, periodista, X años (de edad), 0 años (en DC), con 0 mascotas, 0 hábitos de fumar y 100% adorable busca casa.

– ¿Y qué haces en tu tiempo libre?

– Me mudo.

Nunca desprecies el refranero.  No hay dos sin tres. Pero a la tercera va la vencida. A la tercera casa volverás a tener gato. La tercera bicicleta pedaleará. Como si hubiera pasado por las tres edades del hombre en apenas unos meses, tras la inconsciencia de temprana y la tormentosa pero excitante juventud intelectual, creo que me he asentado. A una distancia conveniente del trabajo. Con gente maja, madura y normal.

Unas 2 casas al día durante unos 10 días. 20.

Unas 20 casas cada una de las 3 veces. 60.

Obtuve una muestra razonable. El estudio antropológico va viento en popa.

Aquél día fue el último que nevó.

Advertisements