– ¿Y de dónde sale la marcha de Martin Luther King, del Mall?
– No, de Anacostia.
– ¿Anacostia? ¿Te han hablado alguna vez de Anacostia?
– Sí
– ¿Y qué te han dicho?
– …que nunca vaya.
– Pues eso.

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Anacostia, nunca vayas.

Es de esas descripciones que siempre siguen de coletilla, no sea que te olvides.

Cuando los washintonianos dicen que viven en Washington, viven en el North West. Cuando los washintonianos dicen que les encanta los bares de Washington, el ambiente de jóvenes profesionales, los barrios residenciales que parecen pueblitos… se refieren a que les encanta el North West de Washington. La mayoría nunca han salido del cuadrante del noroeste, y algunos han vivido aquí más de una década.

Pero Washington tiene tres cuadrantes más. Anacostia está en uno de ellos, en el sudeste.
Los que llegaron antes que tú, no han ido, porque les dijeron que no fueran, y ahora ellos también lo dicen. Así que la mayoría de los que te dicen “no vayas”, no solo no han ido, es que no conocen a nadie que haya ido allí.

Washington está en el Top 5 de ciudades más caras de Estados Unidos. Al mismo tiempo, tiene de los índices más altos de pobreza, así como de población afroamericana. En los otros tres cuadrantes.

Así que, el día en que Martin Luther King hubiera cumplido 87 años, fui a encontrarme con un montón de personas que caminaron para desearle feliz cumpleaños, para mantener vivo su “I have a dream” y su “we shall overcome” y para insistir en que sigue habiendo racismo, y que aún tiene sentido luchas por la libertad y la igualdad.

No era una cifra redonda ni la más multitudinaria de las marchas. Aún así, medio millón de personas caminaron durante cuatro horas a -15º Celsius, con un tembleque físico que se mimetizaba con la emoción de que algo estaba a punto de pasar o de que algo estaba, de hecho, pasando.

Por debajo de los diez grados bajo cero, el cuerpo duele. A pesar de que lleves una segunda piel térmica de goretex y más dos capas de todo. No importa. Pierdes la capacidad de separar los dedos y manos y pies se convierten en un bloque de carne, como de manopla incorporada.

Los reverendos herederos y cheerleaders improvisadas cantaban canciones de libertad y nos rellenaban de café el vaso de poliexpan, de esos a través de los que apenas se nota el calor, pero cuyo líquido quema la faringe y revive a los muertos.

IMG_8092Había familias, de negros y de blancos, con niños pequeños y, activistas del medio ambiente, del salario justo, por los derechos de gays, lesbianas, transexuales… y un puñado de gente sin banderas ni pretensiones, más que estar allí a pesar del frío y sentir que están haciendo algo en el mundo real, más allá que ver filmes remasterizados, vídeos de Youtube, al otro lado de Twitter.

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Reverendo William, veterano de marchas

El reverendo William llevaba tres décadas caminando por la libertad, y aunque sus rodillas artríticas iban a paso lento, todo el mundo se adaptaba a su ritmo para escucharle contar cómo sirvió a Martin Luther King Junior en persona.

Yo quería hablar con Eugene, el responsable de que en 2003, millones de personas llenaron las calles contra la guerra de Irak y luego contra la de Afganistán.  También en España replicamos su iniciativa, en las manifestaciones más masivas de la historia, por delante incluso de la Vía Catalana.

 

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Eugene, convoca multitudes

Es difícil llenar avenidas cada año. Pero hay razones para salir a la calle en un país donde el hombre de raza negra tienen nueve veces más posibilidades de ser disparado por la policía que el hombre blanco*. También son los más pobres, los que menor y peor educación reciben, los que tienen acceso a menos servicios sociales (que en EEUU no son considerados básicos), los que comen la comida más barata de los supermercados más baratos, sufren más de obesidad, diabetes, enferman más, mueren antes.

No es Anacostia lo que da miedo. Son datos como estos.

Aquella noche no pude dormir. Primero pensé que por la emoción, después recordé el café, durante las cuatro horas de marcha.

Aquí la crónica para Efe.

 

*Datos del proyecto The Counted (contador) del diario The Guardian.

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