– Y a ti, ¿qué te asusta?

– Me da miedo que me cueste adaptarme al nuevo trabajo, a la nueva gente, a la ciudad, no saber suficiente inglés o política, no estar a la altura. Me da miedo que el abrigo más grueso de España no evite que me congele a temperaturas bajo cero, que la comida basura me acorrale y me ponga como una foca. Me da miedo ir justa de pasta, por eso me compré una bici.

Pedaleo, pedaleo, pedaleo.

asustan-bombas-pedaleo-diarios-ultramar1Antes de marcharnos a nuestros destinos, nos reunimos para celebrarlo. Pero en cierto momento, la cena se convirtió en una suerte reunión de becarios anónimos, y reconocimos de carrerilla nuestros temores. Uno tras otro.

Ahora, además, me da miedo mi casera, que me estafe, que me robe las galletas. Me da miedo que los domingos me pesen – o peor, que me pesen los sábados –, me da miedo que Skype no funcione, que Whatsap se vuelva intrascendente, me da miedo distanciarme de mis seres queridos. Y me dan miedo las bombas.

Pedaleo, pedaleo, pedaleo.

Me dan miedo las bombas porque, cuando explotan, salta todo por los aires. Las galletas, el nuevo trabajo, el abrigo, el Skype, el inglés, la política.

Y te distancia de tus seres queridos. Esos que te escriben preocupados desde España o desde cualquier otra capital del mundo – excepto desde París, porque allí no quiso ir ningún becario, porque ‘Francia está demasiado cerca y yo quiero que este año me cambie la vida’.

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La calle 14th, la más transitada de DC

Pedaleo, pedaleo, pedaleo.

Es media tarde, hora local, cuando una compañera de la delegación de Washington dice ‘Vaya, algo ha debido de suceder en París’. Dice solo “algo” porque detecta movimiento extraño en Twitter, y los buenos periodistas no dan la noticia si no la han confirmado. Pero ese es el peor de los algos, como el de “algo ha pasado en el metro de Madrid” o el de “algo hace ese avión que vuela tan cerca”.

Y las condenas a la atrocidad se suceden, cada político busca sus propias palabras para ser – o sonar – sincero, y aquí solo las transcribimos. Pero qué haremos con Siria… Y mientras, la brecha de la explosión ha dividido el mundo entre los que se tiñen el perfil de Facebook de rojo-blanco-azul y los que sermonean a los simples que solo condenan el terrorismo, con tantas injusticias a escala global.

Pedaleo, pedaleo, pedaleo.

Algunos viven así, con el miedo a las bombas. A nosotros, nos resulta tan sobrevenido que nos hace creernos el centro del mundo, las víctimas absolutas.

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Concentración en Laffayette Square, frente a la Casa Blanca, en Washington DC, en solidaridad con el pueblo francés

Pero Washington es, probablemente, la ciudad con más policía del mundo. Uniformados y sin uniformar, con traje, casual, a pie, ciclistas, en coche, escondidos tras los  edificios oficiales, del gobierno, organizaciones internacionales, de bancos mundiales, de empresas transnacionales y archinacionales, ocultos en los jardines de las casitas victorianas, en los barrios ilustres, en los que se están gentrificando, en los de latinos y negros, blancos y amarillos, de estudiantes y becarias de intercambio.

Casi tengo guardaespaldas. Y voy en bici porque me daba miedo el metro desde antes –por el precio del billete, que fluctúa según la franja horaria y puede alcanzar los cinco dólares por un par de paradas.

Pedaleo, pedaleo, pedaleo.

Porque esta es la ciudad donde quería vivir y porque aquí sucedían las historias que quería contar. Y sigo queriendo y siguen sucediendo. Y ellos siembran el terror, con sus vídeos, con sus telediarios, pero si nos marchamos – y adónde nos vamos a marchar – nos habrán ganado. Porque sí, claro que temo a las bombas pero, además, soy feliz aquí y ahora, e intento luchar para que siga siendo así, y porque creo en lo que hago. Así que pedaleo, pedaleo.

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